La actual constitución chilena se ha mantenido prácticamente intacta en su espíritu desde 1980

Desde el año 1989, organizaciones ancestrales y no ancestrales han demandado al Estado que la Constitución reconozca la existencia y preexistencia de los grupos humanos que habitan esta parte del mundo mucho antes de la formación de Chile, ya sea a través de la categoría de pueblo o, más recientemente, a través de la categoría de nación. Junto a ello –y quizás más importante– el reconocimiento de nuestros derechos colectivos fundamentales para poder seguir existiendo. En estos 30 años, el bloqueo a esta demanda por parte de ‘la derecha’ y el falso compromiso de la ‘centro izquierda’ nos mantienen en una posición de subyugación que ni el mutilado Convenio 169 de la OIT ha podido cambiar. En este contexto, revisamos los recientemente ingresados proyectos de reforma constitucional presentados por el senador Francisco Huenchumilla (PDC) y por la diputada Emilia Nuyado (PS) que buscan poner fin a tres décadas de espera.

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